lunes, 26 de octubre de 2020

De El Almarjal a Versalles. Historia de los almarjos, sosas y barrillas.

 

 

Vista de detalle de un almarjo (Halocnemum strobilaceum)

Los lectores de este blog seguidores del fútbol local  de Cartagena que ya tengan una cierta edad recordarán, sin duda, el viejo estadio de fútbol de El Almarjal, testigo de las muchas penas y también algunas alegrías que el equipo del EFESÉ daba a la afición local. El estadio de El Almarjal se situaba sobre el Paseo de Alfonso XIII en lo que hoy es un conocido centro comercial en la entrada a la ciudad de Cartagena desde la autovía. 

Estadio de fútbol de El Almarjal.

Lo que quizás algunos no sabrán es que el nombre de El Almarjal procede de la antigua zona pantanosa que se extendía al norte de Cartagena en lo que hoy es todo el ensanche moderno de la ciudad y que, a su vez, toma denominación de la presencia de varias especies de plantas denominadas genéricamente 'almarjos' y que están adaptadas a vivir sobre suelos muy cargados de sal. Reciben este nombre de almarjo diversas plantas como el salao (Halocnemum strobilaceum), la sosa (Suaeda vera), la alacranera (Arthrocnemum macrostacyum) o el salicor (Sarcocornia fruticosa), entre otras.

El Almarjal eran los últimos restos de lo que antiguamente constituía un pequeño mar interior, formado hace algo más de 8.000 años por una ligera subida del nivel del mar y que se situaba al fondo de la bahía de Cartagena, tras una península sobre la que en el siglo III a.C fue fundada por Asdrúbal la ciudad de Qart-Hadasth, luego conocida en tiempos romanos como Carthago Nova

Recreación digital de la ciudad romana de Carthago Nova. Al fondo el antiguo mar interior o estero.

Con el paso de los siglos y, como consecuencia de la intensa deforestación que tuvieron que sufrir los montes y campos que rodeaban la ciudad, el constante arrastre de sedimentos fue progresivamente colmatando este mar interior, de forma que, a mediados del siglo XVI los planos muestran una laguna ya muy mermada y, hacia finales del siglo XVIII, el estero se encontraba prácticamente desaparecido por la  saturación de sedimentos, tal y como aparece reflejado en los mapas de la época.

 

Plano de la ciudad de Cartagena durante el siglo XVII con el estero convertido en una zona encharcada.

El antiguo mar interior se había convertido para entonces en un humedal cuyo aspecto debía de ser el de un saladar encharcado de forma discontinua con islas y manchas de vegetación en las que habitarían plantas adaptadas a los suelos salitrosos, como almarjos y barrillas, así como numerosas especies de aves propias de este tipo de hábitats, como flamencos, correlimos, cigüeñuelas o archibebes. La presencia de este saladar ocasionó numerosos quebraderos de cabeza a las autoridades locales debido a lo insalubre de la zona por la constante presencia de mosquitos transmisores de enfermedades, hasta que, a finales del siglo XVIII se decidió desviar y encauzar la rambla de Benipila que alimentaba el estero y desecar toda la zona.


Cigüeñuelas (Himantopus himantopus) en Veneziola, al final de La Manga del Mar Menor en un hábitat que sería muy similar al que existiría en el antiguo Almarjal de Cartagena.

Durante los procesos de lluvias torrenciales, tan propias de nuestro clima, El Almarjal volvía a recuperar su antiguo aspecto de laguna interior, tal y como se puede apreciar en las fotografías antiguas de las diversas series de  inundaciones sufridas por la ciudad a lo largo del siglo XX.

El Almarjal inundado en una fotografía antigua de 1919

La sosa y la barrilla, estrellas del comercio pre-industrial en Cartagena. 

Ya se ha mencionado antes que el nombre de El Almarjal deriva de la presencia de un grupo de plantas denominadas genéricamente almarjos y que son propias de zonas encharcadas salinas.  Entre las plantas denominadas almarjos se encontraban el salao (Halocnemum strobilaceum)la sosa (Suaeda vera), la alacranera o sosa jabonera (Arthrocnemum macrostacyum) o el salicor (Sarcocornia fruticosa). Junto con estos almarjos crecían también en la zona plantas denominadas barrillas, como la barrilla borde (Salsola kali) o la barrilla fina (Salsola soda), así como otras plantas propias de humedales salinos.  

Sosa (Suaeda vera) en el entorno del Mar Menor.

Todas éstas son especies denominadas halófitas por tener la capacidad de crecer sobre suelos cargados de sal. La presencia de sal en el terreno impone a las plantas unas duras condiciones que dificultan extraordinariamente su supervivencia en un ambiente muy hostil. Las plantas halófitas han conseguido adaptarse a vivir sobre estos suelos enfrentándose al exceso de sal con diversas estrategias, tales como excretarla por diferentes glándulas, diluirla en tejidos cargados de agua o, incluso, concentrarla en determinadas hojas que luego dejan morir. 

Almarjo (Halocnemum strobilaceum) en Lo Poyo.

De estas especies de almarjos, sosas y salicores mencionados antes y que crecían en los terrenos salitrosos como El Almarjal, se extraía un materia prima, la piedra barrilla, que sostuvo durante varios siglos un importante sector exportador de los puertos de Cartagena y Alicante.  

Todas estas plantas halófitas, denominadas barrilleras, concentran en sus hojas una gran acumulación de sales de sodio, compuesto químico que era utilizado como materia prima para la elaboración de cristales y espejos, así como de jabones. De hecho, el nombre de sodio fue tomado directamente, cuando este elemento fue descubierto, de uno de los vegetales de los que se extraía la sosa cáustica: la denominada 'soda'. 

El carbonato de sodio era extraído de estas plantas barrilleras por medio de su calcinación en hornos excavados en la tierra. Las cenizas resultantes se comercializaban en forma de piedras denominadas barrillas. La producción de barrilla de todo el sur y levante de España - salinas de Torrevieja, Albufera de Adra, Mar Menor, etc- se canalizaba hacia los puertos de Alicante y Cartagena desde donde era exportada a los principales centros de producción de cristales y espejos de Europa, especialmente Génova y Venecia - famosa esta última por sus espejos y cristales de Murano- en Italia y Marsella en Francia. Justamente, entre Francia y Venecia se desató en el siglo XVII la conocida guerra comercial de los espejos. La mayoría de los espejos y cristales elaborados en Europa hasta principios del siglo XIX utilizaban la piedra barrilla procedente de los puertos de Cartagena y Alicante. 

 

La Galería de los espejos del Palacio de Versalles le sirvió a Luis XIV para demostrar al mundo que Francia podía desbancar a Venecia como primer productor de espejos del mundo. 

En un principio, las sosas y barrillas eran recogidas de la gran cantidad de plantas existentes en los saladares existentes en la comarca de Cartagena, pero, conforme la demanda de piedra barrilla se fue incrementando, éstas se comenzaron a cultivar junto al trigo y la vid en las zonas de secano, hasta que, a principios del siglo XIX, la aparición de métodos industriales para la extración de sodio determinó la desaparición del comercio de la barrilla.

Principales especies barrilleras.  

Existe en las fuentes mucha confusión sobre las plantas denominadas barrillas y sosas de las que se extraía la piedra barrilla. El aprovechamiento del sodio se realizaba de una gran diversidad de especies halófitas de diferentes géneros, tales como Halogeton sativus, Suaeda vera, Sarcocornia fruticosa,  Arthrocnemum macrostachyum o Atriplex halimus.

Boja barrillera (Salsola oppositifolia), en el monte San Julián de Cartagena.

Desde el punto de vista productivo, se denominaba piedra barrilla a la extraída de la barrilla fina (Halogeton sativus), y, en menor medida, a la extraída de las especies del género Salsola, como la barrilla borde (Salsola kali), la barrilla pinchuda (Salsola vermiculata) o la boja barrillera (Salsola oppositifolia) que eran las que producían la piedra barrilla de mejor calidad y más apta para la producción de espejos y cristales. Por otro lado, se llamaban yerbas sosas o sodas al resto de plantas barrilleras de las que se producía una barrilla de peor calidad por la menor concentración de carbonato de sodio que se destinaba a la producción de jabón, como la sosa (Suaeda vera), las sosas alacraneras (Sarcocornia fruticosa y Arthrocnemum macrostachyum), el almarjo (Halocnemum strobilaceum) o el salao (Atriplex halimus). En algunas fuentes antiguas se diferencia entre las barrillas, que eran cultivadas, y las sosas, que eran recogidas de poblaciones silvestres.
 

Sosa alacranera (Sarcocornia fruticosa) en las salinas de Marchamalo, en La Manga del Mar Menor. 

Nuevos usos de algunas plantas barrilleras. 

En los últimos años, algunas de estas plantas barrilleras han encontrado un hueco en la alta gastronomía desde que el conocido chef Ferrán Adriá y otros conocidos cocineros popularizaran el uso de algunas de ellas, como ficoide glacial (Mesembryanthemum crystallinum), en algunos de sus platos

Mesembryamthemum crystallinum
 
Además del 'ficoide glacial', algunas otras de estas especies barrilleras, como el salicor o el agazul se están comenzando a producir y comercializar con el nombre de 'verduras del desierto' para su uso culinario.

Ensalada de 'ficoide glacial'.

 El regreso del almarjo (
Halocnemum strobilaceum) a Cartagena.

Es en este tipo de ambientes hipersalinos de los que hemos hablado donde crece una de las plantas denominadas almarjos que dieron nombre a la laguna de El Almarjal y que se encuentra en la actualidad en serio peligro de extinción. Se trata del salao o almarjo (Halocnemum strobilaceum).

El almarjo fue citado por primera vez como novedad para la flora europea en un saladar de Cabo de Palos 1908 por el botánico aficionado Francisco de Paula Jiménez Munuera, descubridor asimismo de la jara de Cartagena (Cistus heterophyllus) en 1901, de los cipreses de Cartagena (Tetraclinis articulata) en 1904 y del garbancillo de Tallante (Astragalus nitidiflorus) en 1909, entre otros.  El mismo Jiménez Munuera volvió a citar la especie en el Almarjal de Cartagena en el entorno de la rambla de Benipila poco tiempo después. Desde entonces, la especie no ha vuelto a ser vista en el municipio.  

 

Postal antigua de Cabo de Palos donde se aprecia una antigua zona de saladar, en la actualidad ocupada por el puerto pesquero y donde seguramente se descubrió Halocnemum strobilaceum en 1909. 

El almarjo es una especie de distribución amplia, pero muy puntual, por toda la cuenca mediterránea y el oeste de Asia (Irán y Turquía). En España se encuentra exclusivamente en terrenos muy salinos de las provincias de Almería - con una única población en Terreros-, de Alicante - en las salinas de Santa Pola y el humedal de El Hondo en Elche- y en la Región de Murcia en varias localidades, destacando la población existente en los saladares del Guadalentín, posiblemente la más importante de toda Europa. Su situación en la Península Ibérica es muy preocupante, estando en serio riesgo de extinción por la desaparición de su hábitat ocupado por la expansión inmobiliaria de las áreas costeras mediterráneas. 

En 2014, ARBA Murcia, en colaboración con la Asociación de Naturalistas del Sureste, llevó a cabo una acción de reintroducción de esta especie en el saladar de Lo Poyo, un área protegida situada en la ribera sur del Mar Menor.  La plantación se llevó a cabo en una zona muy degradada por la acumulación de residuos de la minería y el paso contínuo de vehículos que habían compactado el terreno. La actuación tenía el doble objetivo de recuperar esta especie para el municipio de Cartagena y de comprobar experimentalmente su capacidad para asentarse sobre terrenos contaminados. 


 

Para la plantación se contó con la apertura de hoyos mecánica realizados por una pequeña retroexcavadora y el suelo fue enmendado con marmolina, con el objetivo de subir su PH, excesivamente ácido. Además del almarjo, se utilizó también la sosa alacranera (Salicornia fruticosa) en la plantación. Los ejemplares de almarjo fueron proporcionados por el vivero forestal de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.

Vista general de la plantación sobre los terrenos contaminados de Lo Poyo 

Vista general de la plantación sobre los terrenos contaminados de Lo Poyo. Al fondo, El Carmolí.
 
Cuatro años después de la plantación, a pesar de lo duro del terreno, la mayor parte de las plantas habían arraigado exitosamente y así aparecía reflejado en el blog de ARBA Murcia.


Ejemplar de almarjo en 2018, cuatro años después de la plantación.


Ejemplar de almarjo en 2018, cuatro años después de la plantación.
 
Ejemplar de sosa alacranera (Salicornia fruticosa) en 2018, cuatro años después de la plantación.
 
Sin embargo, la catastrófica DANA de septiembre de 2019 mantuvo toda la zona de plantación sumergida bajo el agua durante más de un mes, debido a la enorme subida del nivel del Mar Menor. Esto hizo que muchas de las plantas que llevaban 5 años implantadas con éxito perecieran. Sin embargo, en una reciente visita al sector más occidental del saladar pudimos constatar que algunas áreas de la plantación habían sobrevivido a la DANA y quedaban bastantes ejemplares, tanto de sosa alacranera como de almarjo, supervivientes. 

En la actualidad, almarjos y alacraneras presentan este saludable aspecto. 








Esperemos que estos ejemplares de almarjo se conviertan pronto en un nuevo núcleo efectivo poblacional de esta especie, de forma que comiencen a reproducirse en la zona y contribuyan a la conservación de esta planta singular.