domingo, 29 de julio de 2018

Proyecto de restauración forestal del área incendiada de la Sierra de La Muela. Segunda parte.


Hemos visto en la entrada anterior cómo la Sierra de la Muela fue completamente transformada por el ser humano desde tiempos remotos y cómo, muy recientemente, con el abandono de la actividad agrícola y de los usos tradicionales del monte, fue reforestada exclusivamente con pino carrasco (Pinus halepensis) con los consiguientes problemas de merma de la biodiversidad, incremento del riesgo de incendios y aparición de plagas. 

Ejemplares de pino carrasco afectados por la plaga del barrenillo (Tomicus destruens) en La Muela. 

Restaurando la vegetación potencial de La Muela.

¿Qué se debería hacer entonces en La Muela aprovechando el vacío que ha dejado el incendio?  La mejor opción es siempre intentar conseguir el mayor grado de naturalidad posible, intentar tender hacia la vegetación potencial o clímax, que es la que existió en la zona antes de que comenzara su explotación por la actividad humana. La vegetación climácica es la que mejor se adapta a las condiciones de suelo y clima del lugar, es la más estable, siendo muy resistente a perturbaciones externas como incendios, plagas, sequías, etc., es la que va a producir la mayor cantidad de biomasa posible en relación con las actuales condiciones ecológicas y es la que va a poder mantener una mayor cantidad y diversidad de vida animal y vegetal. En definitiva, nos proponemos la búsqueda de un ecosistema sano.


Aspecto actual de la zona incendiada en 2012.

Esto es sencillo de decir, pero ¿Cómo determinamos cuál es la comunidad clímax que correspondería a la Sierra de la Muela?. Todas las sierras de Cartagena han sido total e intensamente transformadas por el hombre desde hace casi 3000 años y no queda ni un metro cuadrado de suelo que no haya sido alterado por la minería, la agricultura, la extracción de madera, los incendios o la ganadería. Además, los bosques de pinos que vemos son todos artificiales y tienen menos de 60 años, así que no es fácil hacer una reconstrucción de la vegetación anterior a la llegada del ser humano a nuestros campos. 

La geógrafa María del Carmen Zamora Zamora ha reconstruido perfectamente el proceso de destrucción de los montes y bosques del Campo de Cartagena a lo largo de los últimos 2000 años en una tesis titulada "Aprovechamientos tradicionales de los montes en la comarca del Campo de Cartagena", muy ilustrativamente subtitulada "cómo se construye un desierto". Una lectura extremadamente recomendable para conocer la historia y evolución natural de nuestros montes desde el tiempo de los romanos.  





Sabemos por diferentes estudios que nuestros montes estuvieron poblados de árboles y arbustos, pero no sabemos qué especies ni qué formaciones vegetales los componían. ¿Cómo podemos reconstruir nuestros primitivos bosques? Nos falta mucha información, aunque la reconstrucción es posible ya que tenemos algunas pistas.

¿Bosques del Atlas en Cartagena?

En primer lugar, podemos fijarnos en áreas que comparten con nosotros características climáticas y edáficas similares: El clima de las áreas costeras de Cartagena es bastante singular y no tiene muchos paralelos en otras zonas de la Península Ibérica. Sin embargo, sí compartimos  unas características comunes con bastantes zonas del norte de África. 

Por otro lado, tenemos restos de vegetación que sabemos con seguridad que no han sido plantados por el hombre y que crecen de forma espontánea por amplias zonas de los montes de Cartagena. Entre ellas, encontramos muchas especies que son comunes a toda el área mediterránea, como lentiscos (Pistacia lentiscus), palmitos (Chamaerops humilis) o acebuches (Olea europaea), pero también, y aquí está lo singular, contamos con muchas especies - y no precisamente pequeñas plantas marginales, sino grandes especies leñosas y estructuradoras de hábitats- de origen africano, como  el cornical (Periploca angustifolia), el arto (Maytenus senegalensis) o el oroval (Withania frutescens), denominadas endemismos iberoafricanos


Periploca angustifolia. Especie iberoafricana fundamental en los ecosistemas litorales de las sierras de Cartagena.


La singularidad y riqueza florística de los montes de Cartagena ya había sido señalada en los diferentes estudios botánicos del siglo XIX. Sin embargo, en 1904 se produjo un hecho trascendental para la flora de la Región de Murcia: el descubrimiento por Jiménez Munuera, botánico de aficción, de ocho ejemplares de un ciprés africano - entonces denominado Callitris quadrivalvis y actualmente Tetraclinis articulata- en las sierras de Portmán. 


Fotografía de 1904 de uno de los primeros ejemplares descubiertos de Tetraclinis articulata en Portmán.


Fotografía de los años 50 mostrando un ejemplar en Portmán muy alterado por la acción humana.

El descubrimiento de esta especie fue extraordinariamente relevante porque Tetraclinis articulata conforma enormes bosques en toda la cordillera del Atlas, desde el sur de Marruecos hasta Argelia y Túnez. En Europa, esta especie está únicamente presente en las sierras de Cartagena y en la Isla de Malta. En Doñana existen algunos ejemplares antiguos sobre los que existen dudas sobre su origen natural o introducido. En Cartagena este árbol se conoce con el nombre de ciprés de Cartagena o sabina mora. 


Ejemplar adulto de ciprés de Cartagena (Tetraclinis articulata) en Portmán. 


Distribución de Tetraclinis articulata

Bosques de Tetraclinis articulata en el Atlas marroquí.

En África, Tetraclinis articulata conforma bosques con numerosas especies, dependiendo de la altitud, el tipo de suelo y la humedad disponible: Así hay bosques de Tetraclinis articulata con encinas y quejigos, con alcornoques, con pinos, con arganes, con acebuches, e, incluso en el sur de Marruecos, con especies tropicales como acacias y cardones. 

Los bosques de ciprés de Cartagena se han clasificado en la directiva europea de hábitats como hábitat 9570 y está calificado como hábitat prioritario por su singularidad y rareza. 


En los estudios realizados por la Universidad de Murcia se ha determinado el hábitat potencial en la Región de Murcia para esta especie, resultando que ocuparía un área mucho mayor que la que ostenta actualmente y el área incendiada de la Sierra de La Muela entraría directamente dentro del hábitat posible para esta especie. 

Distribución del hábitat potencial de Tetraclinis articulata en las sierras de Cartagena. En verde se indica un hábitat de calidad media. La flecha roja indica justo la zona de la sierra de la Muela incendiada en 2012. 

De hecho, una prueba de la idoneidad de la Sierra de la Muela para este tipo de bosques de Tetraclinis articulata es que el ciprés de Cartagena está ya presente y regenerándose de forma muy exitosa por esta zona. En el Pie de la Muela, los ejemplares de esta especie de un seto de un albergue juvenil están ya reproduciéndose y expandiéndose de forma masiva por los alrededores de la parcela. 



Numerosos ejemplares juveniles de ciprés de Cartagena expandiéndose de forma natural por el Pie de La Muela. 


Ejemplares juveniles de ciprés de Cartagena expandiéndose de forma natural por el Pie de La Muela. A la izquierda los ejemplares adultos. 

En La Muela, dependiendo de la orientación y la calidad del suelo, Tetraclinis articulata formaría bosques mixtos con el pino carrasco (Pinus halepensis) y se acompañaría de diferentes especies africanas como el cornical (Periploca angustifolia) y otras europeas como el palmito (Chamaerops humilis), el lentisco (Pistacia lentiscus), el acebuche (Olea europeaea), la coscoja (Quercus coccifera) o el aladierno (Rhamnus alaternus). 

El objetivo final sería conseguir algo similar a los bosques de Tetraclinis articulata de las costas del norte de Marruecos. 


Bosques costeros de Tetraclinis articulata en el cabo Tres Forcas (Marruecos), cerca de Melilla. 


En la actualidad se está llevando a cabo un proyecto LIFE, con financiación de la Unión Europea, de recuperación de estos bosques dentro de los espacios protegidos de las sierras de Cartagena. Si quieres saber más, pincha en el siguiente enlace: 



Dentro de este programa de recuperación se ha editado un interesantísimo y completo libro sobre la especie que puedes descargarte en el enlace a continuación:



En esta entrada del blog os hemos contado cuál es el objetivo de la restauración del área incendiada de la Sierra de la Muela. En la siguiente entrada os detallaremos todo el proyecto, las diferentes zonas de actuación con indicación y justificación de las especies elegidas, la temporalización y otros aspectos técnicos de lo que queremos hacer. 


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El proyecto de restauración forestal de la Sierra de La Muela se lleva a cabo con el apoyo económico de la empresa ILBOC, del Valle de Escombreras y la colaboración de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), así como de los propietarios de los terrenos. 

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viernes, 27 de julio de 2018

Proyecto de restauración forestal del área incendiada de la Sierra de La Muela. Primera parte.





El día 11 de Junio de 2012, una ridícula imprudencia originó un violento incendio en la cara norte de la sierra de La Muela. Dentro del espacio protegido de la Sierra de la Muela, Cabo Tiñoso y Roldán.





Gracias a la diligencia y profesionalidad de bomberos y agentes forestales, el incendio pudo ser atajado antes de que cruzara la cima y saltara hacia El Realenco y Los Garabitos, donde hubiera sido imposible controlarlo por la falta de accesos. 


Actuación del hidroavión. 

Tras el incendio se habían perdido algo más de unos 60.000 m2 de pinar de repoblación. 


Antes y después. Fotografía de Alberto García Quesada. Blog: Cuaderno de Campo.

La Sierra de La Muela en la antigüedad. 2000 años de explotación agrícola.

La Sierra de La Muela había sido explotada para la agricultura desde tiempos de los romanos. En su cumbre se localiza un manantial de agua dulce que fue canalizado y sus laderas fueron convertidas en bancales de cultivo. A los pies de la sierra se localiza una villa romana relacionada con la actividad agrícola y que contaba con grandes balsas de agua alimentadas posiblemente por la fuente existente en la cumbre. Durante las salidas de reconocimiento del terreno de esta asociación pudimos comprobar la existencia en la zona de restos de antiguas canalizaciones en dirección hacia el pie de La Muela, donde se encuentran los restos de la villa romana.  

"Las balsas de Galifa y fueron documentadas por Cuadrado en 1945, con motivo de la visita a Cartagena del Comisario General de Excavaciones, en una excursión realizada a la población de “El Portús”. Cuadrado comentó haber localizado en el paraje conocido como Cuesta de Galifa, una balsa de aparejo de cal claramente romano, así como el specus que debía llevar las aguas a dicho depósito desde algún manantial próximo. (...)
Una visita a la zona sur de dicha población (...) permite comprobar la existencia de unas balsas de grandes dimensiones construidas de opus caementicium y enlucidas de signinum (Opus Hidraulicum) muy depurado, de gran altura y potente cimentación" 



Balsas romanas en la subida a La Muela. 



Restos de conducciones antiguas de agua de época indeterminada reutilizadas en las pedrizas .

Restos de conducciones antiguas de agua de época indeterminada reutilizadas en las pedrizas 


Pinos carrascos tras de la Guerra Civil.

Durante los años 50-60 la actividad agrícola probablemente dejó de ser rentable y La Muela fue reforestada con grandes cantidades de pino carrasco (Pinus halepensis).

En las siguientes fotos aéreas del área de La Muela podemos ver la evolución de la zona, desde la imagen de un territorio totalmente desertizado y arrasado por la actividad humana en el vuelo de Ruiz de Alda de 1929 a una fotografía aérea actual en la que se perciben las grandes masas de pino carrasco de repoblación en toda la zona montañosa (abajo a la izquierda en la segunda foto).





El pino carrasco es una especie autóctona, sin embargo, las extensas reforestaciones realizadas de forma exclusiva con esta especie en el pasado han dado lugar a enormes masas monoespecíficas que causan muchos problemas medioambientales, además de constituir un enorme peligro en caso de incendio. 

Pinar no afectado por el incendio en la Sierra de la Muela en la actualidad. 

¿Los pinos son un problema?

Las diversas variedades de pinos ibéricos fueron abusivamente utilizadas como únicas especies en restauraciones forestales durante el periodo que siguió en España a la guerra civil y hasta fechas relativamente recientes. La producción en vivero de la planta es extraordinariamente barata y sencilla y, además, en el caso del pino carrasco, la especie se adapta muy bien a todo tipo de suelos y condiciones de sequía extrema como las del sureste. Por otro lado, se pensaba que los pinares facilitarían y prepararían el terreno para la entrada de otras especies más exigentes en lo que se conoce como sucesión ecológica


Sin embargo, las repoblaciones exclusivas de pino carrasco han terminado generando muchísimos problemas medioambientales en el sureste semiárido.

Por un lado, las acículas de los pinos, al descomponerse, liberan en el suelo sustancias alelopáticas que impiden la germinación de las semillas de otras especies. Por otro lado, el gran espesor de hojas de pino muertas que se acumulan en el suelo impiden también que muchas semillas puedan llegar a enraizar. El resultado son sotobosques muy pobres en los que son escasas las especies que crecen bajo los pinos y los pocos individuos que logran establecerse tienen crecimientos raquíticos por la competencia con la densa masa de pinos. 


Sotobosque bajo pinar de repoblación en La Muela. 

Por otro lado, la gran acumulación de acículas de pino y ramas secas aumenta exponencialmente el riesgo de incendios por la presencia de una gran cantidad de masa seca extremadamente combustible. 


Los pinos son especies pirófilas, es decir, que son favorecidas por el fuego. Cuando se produce un incendio, las piñas de los pinos se abren súbitamente y hacen saltar todas las semillas que contienen en su interior. El resultado es que, después de las siguientes lluvias, todo el suelo se llena de miles de pequeños plantones de pino en tales acumulaciones  que se hace imposible el crecimiento de ninguna otra especie. En contra de lo que se había planteado, las repoblaciones de pinos no favorecen la sucesión hacia bosques más maduros sino que se autosuceden a sí mismos en pinares cada vez más exclusivos. 

 
Decenas de pequeños pinos nacidos tras el incendio de Atamaría en Portmán. 



Pasados tres años del incendio de Atamaría, el exceso de pinos es notable en muchas zonas. 

Por último, la gran densidad exclusiva de pinos a lo largo de miles de metros cuadrados, como ocurre en todas las sierras de Cartagena, son un factor facilitador de la entrada de plagas en momentos de estrés hídrico, como está ocurriendo con extensas superficies de pinares afectadas por la plaga del barrenillo del pino (Tomicus destruens). 

Las consecuencias de estas plantaciones de pinos las podemos leer aquí: 



Pinar de repoblación en la Sierra del Algarrobo, afectado por la plaga del barrenillo del pino. Fotografía de http://cumbresdecartagena.blogspot.com

Hasta aquí os hemos contado cómo es el punto de partida de espacios como el de la Sierra de la Muela, que han sido explotados por el hombre desde hace siglos y los problemas de las reforestaciones llevadas a cabo después de la Guerra Civil con masas monoespecíficas de pino carrasco. 

En la siguiente entrada del blog os contamos qué nos proponemos hacer con el área incendiada en la Sierra de la Muela. 

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El proyecto de restauración forestal de la Sierra de La Muela se lleva a cabo con el apoyo económico de la empresa ILBOC, del Valle de Escombreras y la colaboración de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), así como de los propietarios de los terrenos. 

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Bibliografía: