sábado, 11 de agosto de 2018

Proyecto de restauración forestal del área incendiada de la Sierra de La Muela. Tercera parte.



Os hemos contado en una primera entrada cómo ha sido la evolución histórica de la Sierra de la Muela desde la antigüedad hasta nuestros días, incluyendo su explotación agrícola y las plantaciones de pino carrasco de la postguerra y en la entrada anterior qué tipo de bosque podría corresponder como vegetación potencial de la zona que pretendemos restaurar. 


Vista del área quemada de La Muela antes del incendio.


Estado actual.

El área incendiada supone unos 65.000 m2 de superficie y tiene unas excelentes posibilidades de restauración. Hemos dividido el espacio en tres zonas que, en un principio, pretendíamos abordar en tres años consecutivos a partir del otoño de 2017, pero que, debido a la ausencia total de lluvias durante este año, hemos tenido que retrasar una temporada completa. 


Hacia el bosque potencial. 

Hemos visto anteriormente cómo, después del cese de la actividad humana, los ecosistemas comienzan una etapa de recuperación hacia el bosque potencial. En el caso de la Sierra de la Muela, tenemos que multitud de especies arbustivas han ido colonizando totalmente el espacio ocupado anteriormente por la agricultura. En primer lugar, se instalaron en su momento especies oportunistas y primocolonizadoras, como jaras (Cistus albidus), aliagas (Calicotome intermedia), lastones (Brachypodium retusum) y pinos carrascos (Pinus halepensis). En una segunda fase, el espacio comenzó a ser ocupado por arbustos y árboles correspondientes a la siguiente fase de sucesión, como  lentiscos (Pistacia lentiscus)cornicales (Periploca angustifolia)aladiernos (Rhamnus alaternus)coscojas (Quercus coccifera)palmitos (Chamaerops humilis), espinos negros (Rhamnus lycioides)acebuches (Olea europaea)


Todas estas especies fueron afectadas por el incendio de 2012. Sin embargo, todas ellas rebrotaron sin ningún problema tras el paso del fuego. Ésta es una característica común a todas las especies de plantas mediterráneas, adaptadas a los fuegos periódicos propios de este clima.

En primer plano un aladierno (Rhamnus alaternus), al fondo un palmito (Chamaerops humilis), comenzando a rebrotar tras el fuego de 2012. 

Por toda la zona incendiada encontramos todos estos arbustos que ahora crecen con vigor, una vez liberados de la competencia con los pinos. 

Coscoja (Quercus coccifera) creciendo con fuerza tras el paso del fuego.

Palmito (Chamaerops humilis), tras éste un aladierno (Rhamnus alaternus) y, al fondo un espino negro (Rhamnus lycioides), seis años después del incendio.


En el camino hacia nuestro bosque potencial el único factor de alteración importante sería el exceso de pino carrasco. 

¿Odiamos los pinos? 

No, en absoluto: el pino carrasco (Pinus halepensis) es una especie autóctona y puede tener un importante papel de retención del suelo en las primeras fases de restauración del bosque. Lo que consideramos inadecuado es un bosque constituido exclusivamente por pinos. 

En ciertos sectores del área quemada algunos pinos adultos consiguieron sobrevivir al incendio. Estos ejemplares, más algunos de los regenerados por el incendio, contribuirán a incrementar la biodiversidad del bosque que nos proponemos

Pinos supervivientes al incendio de 2012. En primer plano matorral de jara (Cistus albidus) y lastón (Brachypodium retusum).

En algunas zonas habrá que eliminar el exceso de regenerado de pino que suele producirse tras los incendios, pero eso ya se abordará más adelante, cuando nuestras especies estén totalmente asentadas.

Exceso de regenerado de pinos tras el incendio.

Las zonas de solana.

En el plano mostrado anteriormente tenemos un área marcada en verde que corresponde a una zona dura de solana.

Aquí restauraremos un bosque abierto de ciprés de Cartagena (Tetraclinis articulata) acompañado de especies muy resistentes, especialmente cornicales (Periploca angustifolia) acompañados de palmitos (Chamaerops humilis), escobones (Ephedra fragilis) y lentiscos (Pistacia lentiscus)


Bosques de ciprés de Cartagena (Tetraclinis articulata) en el Cabo Tres Forcas (Marruecos), próximo a Melilla. 

Para incrementar el aporte de nitrógeno al suelo, estamos estudiando la implantación de algunas leguminosas endémicas, como el  espantalobos (Colutea hispanica) o el altramuz del diablo (Anagyris foetida).  

Las umbrías de La Muela. 

Contamos también con una gran extensión de monte con excelentes posibilidades, orientada a noreste, con laderas de bastante verticalidad que quedan en sombra durante gran parte del año. Además, al estar gran parte de la finca dividida en bancales y conservando las antiguas pedrizas debidas a su primitivo uso agrícola, el terreno no ha sufrido apenas erosión y mantiene zonas con buena potencia de suelo. Para estas umbrías nos hemos planteado restaurar un bosque africano con gran diversidad de especies y bien desarrollado compuesto por cipreses de Cartagena (Tetraclinis articulata), coscojas (Quercus coccifera), acebuches (Olea europaea), lentiscos (Pistacia lentiscus)espinos negros (Rhamnus lycioides), aladiernos (Rhamnus alaternus y enebros (Juniperus oxycedrus).  

Encinas, labiérnagos y madroños 

Hemos mencionado que la zona de umbría tiene unas grandes posibilidades por sus condiciones de suelo y humedad. 

En la siguiente vertiente de La Muela, hacia el oeste, se encuentra una umbría, no afectada por el incendio de 2012, de gran pendiente y con algunas especies muy poco habituales para los montes de Cartagena.



Esta umbría, debido a su enorme pendiente, no ha sido exhaustivamente explorada. Sin embargo, durante los años 80, miembros de ANSE localizaron en ella varios ejemplares de madroño (Arbutus unedo), rusco (Ruscus aculeatus) y labiérnago negro (Phillyrea media). Estas especies son típicas acompañantes habituales de encinares en otros lugares más húmedos de la Península Ibérica y, muy posiblemente, su presencia nos esté indicando que en otros tiempos aquí hubo encinas (Quercus rotundifolia)

Esta misma situación se da en la umbría del Cabezo del Horno de Calblanque, donde podemos encontrar igualmente madroños, ruscos, labiérnagos y majuelos, con la diferencia de que en Calblanque sí que se han conservado las encinas.  

Cabezo del Horno en Calblanque: rusco.

Cabezo del Horno en Calblanque: madroño

Cabezo del Horno en Calblanque: ejemplar de encina centenaria. 

Frente al Cabezo del Horno de Calblanque, en el Cabezo Negro, podemos encontrar también algún ejemplar suelto de Tetraclinis articulata. A pesar del mal estado del encinar de Calblanque debido al exceso de pinos, podemos imaginar la presencia en el pasado de un bosque relíctico de encinas con ciprés de Cartagena, acompañado por madroños, ruscos, labiérnagos y majuelos. 

Encinas con palmitos y lentiscos en Calblanque. 

Sabiendo que un encinar estaría en Cartagena muy al límite de sus condiciones naturales, nuestra propuesta para el área de la umbría quemada de La Muela es reproducir algo similar a lo que existe en el Cabezo del Horno de Calblanque: un bosque de ciprés de Cartagena con encinas, madroños y labiérnagos, junto con lentiscos, palmitos, pinos, acebuches, coscojas, etc.  

La encina o carrasca (Quercus ilex o Quercus rotundifolia) es el árbol más extendido de la Península Ibérica y el de mayor superficie potencial, con millones de hectáreas posibles. En la Región de Murcia se encuentra en el límite de su distribución por la escasez de precipitaciones, mayores que las que demandan el pino o el ciprés de Cartagena. 

Las encinas tuvieron en el pasado una presencia mucho más amplia en el Campo de Cartagena de la que tienen en la actualidad. En el libro de M.Carmen Zamora Zamora  "Aprovechamientos tradicionales de los montes en la comarca del Campo de Cartagena.Cómo se construye un desierto"  se menciona varias veces la relativa abundancia de esta especie en la zona de la rambla de El Cañar, basándose en las reiteradas solicitudes de los vecinos al ayuntamiento durante los siglos XVII y XVIII para que se autorice el aprovechamiento de su madera. 

En la actualidad, aún conservamos algunos preciosos ejemplos de carrascales en la zona de El Cañar, así como el mencionado del Cabezo del Horno de Calblanque.

Nuestra asociación ya llevó a cabo una pequeña acción de reforzamiento de los encinares del Cañar en 2015 que tuvo unos pobres resultados debido a la falta de precipitaciones de ese año. 

Las buenas condiciones de suelo y sombra de la zona de La Muela nos permiten pensar en la posibilidad de un buen desarrollo de la encina en las zonas más umbrosas y resguardadas. De momento, ya se ha hecho una siembra de bellotas en el otoño de 2017 con relativos buenos resultados. En las próximas temporadas seguiremos implantando encinas y coscojas por el método de la siembra directa de las bellotas, que suele ser bastante exitoso - siempre que los jabalíes no las encuentren-. Para garantizar la procedencia genética del material sembrado, las bellotas serán recogidas estrictamente de árboles de la Rambla del Cañar. 


Brinzal de encina en La Muela sembrado de bellota en invierno de 2017.

Los madroños (Arbutus unedo) son igualmente escasos en las sierras de Cartagena. Para reproducirlos emplearemos semillas de los escasos ejemplares que aún subsisten por nuestros montes. El año pasado además, esta asociación descubrió el mayor madroñal de la costa de la Región de Murcia en un excelente estado de conservación a escasos 3 km de la zona que vamos a restaurar en La Muela. 


Madroño de la nueva población descubierta por esta asociación a escasos 3 km de la Sierra de la Muela. 

Madroño de la población recientemente descubierta por esta asociación.

Bandeja de madroños que serán plantados en la Sierra de La Muela.

El labiérnago negro (Phillyrea mediaes una especie en peligro de extinción en la Región de Murcia. Se conocen contados ejemplares en el noroeste y en Carrascoy. En la umbría de La Muela, en los años 80, miembros de ANSE descubrieron un ejemplar de esta especie del que se extrajeron esquejes. En 2015 miembros de esta asociación encontramos un segundo individuo de labiérnago del que también extrajimos algún esqueje. 

Labiérnago en el vivero de ANSE.

Al tratarse de un arbusto en peligro de extinción, se ha solicitado permiso a las autoridades medioambientales para reforzar la población de esta especie en La Muela con esquejes de los ejemplares del vivero de ANSE así como de los existentes en Carrascoy. 

Labiérnago negro (Phillyrea media) en Carrascoy. Fotografía de José Antonio López Espinosa.

Somos muy conscientes de que vamos a actuar al límite de las posibilidades de estas especies, propias de climas más húmedos. Además, las perspectivas de un posible cambio climático no favorecen nuestras pretensiones. Sin embargo, la naturaleza nos da sorpresas en multitud de ocasiones y nunca sabemos qué será de lo que vayamos a plantar. Estamos convencidos de que las encinas, los madroños y los labiérnagos conseguirán asentarse y crecer. Posiblemente, no presenten regeneración durante muchos años, pero una encina puede vivir hasta 800 años y no sabemos qué clima habrá en nuestra zona para entonces. En el peor de los casos, las especies más resistentes sí conseguirán asentarse y regenerarse y ocuparán el lugar de encinas, madroños y labiérnagos si es que éstos no consiguen prosperar. El futuro de este posible bosque de encinas y Tetraclinis lo dirá la propia naturaleza. 

En la próxima, y última entrada (de momento), sobre la restauración de la Sierra de La Muela, detallaremos los aspectos técnicos del proyecto y, especialmente, explicaremos nuestra propuesta de intervención en la balsa de riego existente en la cumbre, donde tenemos que ser especialmente cuidadosos con la fauna que sobrevive en torno a uno de los escasos reductos húmedos de nuestras sierras. 


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El proyecto de restauración forestal de la Sierra de La Muela se lleva a cabo con el apoyo económico de la empresa ILBOC, del Valle de Escombreras y la colaboración de la Asociación de Naturalistas del Sureste (ANSE), la empresa Newrona Comunicación, la Dirección Gral del Medio Natural de la Región de Murcia y el Centro Excursionista de Cartagena, así como de la familia propietaria de los terrenos. 

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