domingo, 28 de junio de 2020

La trinchera verde.







LOS CAMBIOS CLIMÁTICOS Y LA RESPUESTA DE LOS ECOSISTEMAS.

Con el final del último de los periodos glaciares, hace sólo unos 12.000 años, finalizó el Pleistoceno y se inició el periodo geológico del Holoceno: Las temperaturas en toda la tierra comenzaron a ascender y aparecieron como disponibles para nuestra especie enormes superficies de tierra muy fértil en un clima muy apropiado para la agricultura. En nuestro sureste ibérico las precipitaciones comenzaron a descender y el clima se empezó a hacer cada vez más seco, hasta llegar a convertirse en un clima de tipo estepario cálido (Bsh en la clasificación climática de Köppen). Hace ya 12.000 años que nos encontramos en el límite del desierto.

Durante estos últimos 12.000 años, de forma natural, se han ido dando cambios, tanto en temperaturas como en precipitaciones y, así, se han documentado tanto épocas  de temperaturas más elevadas que la actual, como el denominado periodo cálido romano - que favoreció la agricultura y el crecimiento de la población- como épocas más frías, como la pequeña edad del hielo entre los siglos XVI y XIX. 

Hasta el siglo XIX, en un entorno de economía pre-industrial, la afectación humana sobre el entorno no debía ser demasiado relevante, con enormes superficies de terreno poco alteradas por las que las plantas y los animales podían ir desplazándose en respuesta a los lentos cambios del clima. Los animales podían migrar libremente entre diferentes regiones y las plantas irían variando su área de distribución, cambiando de latitud o ascendiendo o descendiendo altitudinalmente, en respuesta al ascenso y descenso de las temperaturas. 

En la actualidad, la alteración del entorno es tan grande que la movilidad de las especies y ecosistemas, ante cualquier eventual modificación de los parámetros climáticos, se convierte en imposible, condenando a numerosas especies de plantas y animales, aisladas en pequeños reductos protegidos, a una extinción cierta. Los espacios naturales se encuentran altamente fragmentados y aislados por campos de agricultura intensiva, infraestructuras de comunicaciones, polígonos industriales o grandes espacios urbanizados. La vulnerabilidad de nuestros ecosistemas, en el límite del desierto, a un cambio climático acelerado es, por lo tanto, extrema.

 
La superficie de las mejores y más fértiles tierras del Campo de Cartagena ha sido alterada por el ser humano casi al 100%, relegando los hábitats naturales a las zonas marginales, pedregosas e incultivables. 

El arto (Maytenus senegalensis) es una especie iberonorteafricana que se encuentra acantonada en los lugares más húmedos de nuestras sierras entre Portmán y Cabo de Palos y cuyo futuro se encontraría muy comprometido ante un eventual descenso, incluso pequeño, en las precipitaciones. 

Según los modelos previstos de cambio climático, para final de siglo, en el denominado escenario A2 del observatorio de salud y cambio climático (SRES), el ciprés de Cartagena (Tetraclinis articulata), una de las joyas botánicas de nuestras sierras, desaparecería de los montes de Cartagena. Fotografía de José Antonio López Espinosa.


LAS SIERRAS DE CARTAGENA, UN PUNTO CALIENTE DE LA BIODIVERSIDAD EN EUROPA.
 
La Región de Murcia y nuestras sierras de Cartagena son sede de una extraordinaria biodiversidad, al confluir especies de flora de orígenes muy diversos: especies paleotropicales, especies de origen norteafricano, mediterráneas, incluso iraníes, así como numerosos endemismos.

El hábitat de la esparraguera del Mar Menor (Asparagus macrorrhizus), un endemismo exclusivo del Campo de Cartagena, desaparecería casi por completo hacia 2099 para un escenario  de  936  partes  por  millón  (ppm)  de  CO2  en la  atmósfera  para  final  de  siglo (senda RCP 8.5) en la atmósfera por la subida del nivel del mar.

A lo largo de toda nuestra cadena montañosa litoral, de este a oeste, nos encontramos ecosistemas de un valor incalculable. Empezando por el Parque Regional de Calblanque, entre Cabo de Palos y Portmán, se sitúa un enclave caracterizado por la gran diversidad de ambientes: cuenta con bosques iberoafricanos de ciprés de Cartagena (Tetraclinis articulata), pinares de pino carrasco, restos de antiguos encinares, matorrales esclerófilos, ramblas, dunas, paleodunas, calas y acantilados, así como una cuenca endorreica en la que se encuentran las Salinas del Rasall. 


Los matorrales esclerófilos del hábitat 5220 contienen numerosas especies iberoafricanas. En el Cabezo del Atalayón en Calblanque se localiza una de las escasas poblaciones de brezo blanco (Erica arborea) de la Región de Murcia. 
 
Le sigue la Sierra Minera de Cartagena-La Unión y la sierra de La Fausilla, con tres microrreservas de flora en la Cuesta de las Lajas, la Cola del Caballo y La Porpuz y las alturas del Sancti Spíritu. 

Matorrales arborescentes de palmitos, artos, lentiscos, mirtos, aladiernos, etc. en la Microrreserva botánica de la Cola del Caballo (La Unión)

Al oeste de Cartagena, el Parque Natural de la Sierra de la Muela, Cabo Tiñoso y Roldán, constituye el punto, junto con el Cabo de Gata, de menor pluviometría de la Unión Europea, conformando un ecosistema estepario y semidesértico con especies adaptadas a estas extremas condiciones.

Palmitares de Chamaerops humilis, Periploca angustifolia, etc. en Cabo Tiñoso. Fotografía de Eduardo Agüera.

En torno al Mar Menor, nos encontramos con los espacios protegidos del Cabezo de San Ginés y del Sabinar, así como las islas volcánicas del Mar Menor y diversos ecosistemas dunares y de saladar en torno a la laguna salada. 


Matorrales iberoafricanos de palmitos con orovales (Withania frutescens), artos (Maytenus senegalensis) y cornicales (Periploca angustifolia) en el Cabezo de San Ginés.

El panorama de nuestra biodiversidad se completa con los espacios protegidos de los Cabezos del Pericón y Los Victorias, donde se protegen hábitats singulares y excepcionales en Europa como los azufaifares, así como endemismos exclusivos en peligro de extinción, como el garbancillo de Tallante (Astragalus nitidiflorus).


LA TRINCHERA VERDE: UNA BARRERA CONTRA LA DESERTIZACIÓN Y POR LA PRESERVACIÓN DE LA BIODIVERSIDAD.



El Programa Trinchera Verde (Green Trench Programme, en su acepción en inglés) es una iniciativa de ARBA Cartagena que nace en enero de 2020 con el objetivo de establecer el propósito global de los proyectos (tanto realizados como futuros) de nuestra asociación en el marco temporal de la década 2020-2030. El programa establece las líneas generales que vertebrarán los proyectos, alineándolas con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, en particular, la "acción por el clima" (ODS 13) y la "vida de ecosistemas terrestres" (ODS 15). Estos ODS persiguen la recuperación de masas forestales, fomentar la biodiversidad y la lucha contra la desertización. Este programa se propone su desarrollo de forma conjunta con el Ayuntamiento de Cartagena a través de la Mesa por la Reforestación.

Son precisamente la lucha contra la desertización y la preservación de la biodiversidad los principales motivadores de esta iniciativa, y el vehículo ideado para conseguirlo es la Trinchera Verde: la construcción de un frente de vegetación autóctona en las sierras litorales que permita paliar o revertir los efectos del cambio climático, conectando los espacios naturales - protegidos o no - actualmente fragmentados y aumentando su resiliencia por medio del incremento de su biodiversidad.

Se pretende crear esta "trinchera" mediante el establecimiento progresivo de masas arbóreas o de matorral biodiversos, núcleos de dispersión de semillas y cuerpos de agua en localizaciones específicas del litoral de la comarca de Cartagena, cada vez más próximos, que fomenten la generación natural de una barrera forestal conformada por especies adaptadas a los distintos hábitats de la zona y resistente a los incendios, las plagas y la sequía.


LÍNEAS MAESTRAS DE LA TRINCHERA VERDE.

Para cumplir con este propósito, las líneas maestras que se aplicarán a todos los proyectos desarrollados en la Trinchera Verde serán las siguientes:
  • Creación de 'nodos' de biodiversidad. Nuestros proyectos se desarrollarán exclusivamente en zonas susceptibles de fomentar la formación de la Trinchera Verde, formando 'nodos' de biodiversidad:  puntos de restauración ambiental en entornos dañados por la actividad humana - bien  sea por incendios forestales, actividades mineras o agrícolas, malas prácticas silvícolas, etc- a lo largo de las sierras de Cartagena y La Unión, entre Cabo Tiñoso y Cabo de Palos, que se conviertan en focos de dispersión de biodiversidad.
Recuperación del hábitat prioritario 9570 - Bosques de Tetraclinis articulata - en la zona incendiada de la Sierra de La Muela, identificado como uno de los lugares potenciales de la especie.En la foto, ejemplar de ciprés de Cartagena de 3 años.
  • Resiliencia por medio de la biodiversidad autóctona. Resulta fundamental la correcta identificación del hábitat que corresponde a cada zona: así la planta será seleccionada de acuerdo al hábitat propio del lugar - identificado en la cartografía de la Dirección General del Medio Natural- maximizando en la medida de lo posible el número de especies empleadas con objeto de incrementar la biodiversidad en la zona y generar un entorno más resiliente a perturbaciones como plagas, sequías e incendios. De igual manera, es fundamental garantizar que los árboles implantados han sido producidos con semilla procedente de fuentes exclusivamente locales, con el fin de garantizar la preservación del patrimonio genético de las poblaciones propias de las sierras de Cartagena, evitando el fenómeno de la erosión genética.
En Cabo Tiñoso, a lo largo de 3 años, en ARBA Cartagena ha estado trabajando en la recuperación del hábitat 5210 - matorrales arborescentes de Juniperus-. En 2019 hemos finalizado este proyecto con la implantación de unos 1100 árboles (fundamentalmente sabinas negras y enebros) y arbustos acompañantes. Puedes consultar este proyecto pinchando aquí.

  • Plantas para polinizadores. Debido al uso de pesticidas en los cultivos, la cantidad de insectos polinizadores en todo el mundo está sufriendo una dramática reducción. Se propone la introducción en nuestras restauraciones de variedades de especies con flor polinizadas por insectos, de forma que se garantice un calendario de floración permanente en las distintas estaciones para favorecer la proliferación y desarrollo de estos insectos. 
Lavanda (Lavandula dentata) siendo polinizada por un insecto de la familia de los bombílidos en el Puntal del Moco.
  •  Plantas con fruto. Se maximizará, así mismo, el número de especies introducidas con fruto con objeto de favorecer el desarrollo de la fauna frugívora de la zona y el mecanismo natural de dispersión de semillas a través de deposiciones de aves y mamíferos.
    
Aladierno (Rhamnus alaternus) cargado de frutos en junio en el Cabezo de San Ginés.
  • Recuperación de cuerpos de agua con la finalidad de fomentar la conservación de diferentes especies de anfibios (actualmente en grave retroceso en nuestra región). Estas balsas o estanques permitirán, así mismo, sustentar la fauna local, especialmente en periodos de sequía.
En nuestro proyecto de restauración ambiental de la Sierra de La Muela incluimos la restauración de la balsa de riego tradicional existente en la cumbre y que amenazaba riesgo de colapso inminente. Se rescató la fauna existente, se reparó la balsa y se construyó un bebedero para aves y una rampa para anfibios. Puedes consultar esta acción realizada pinchando aquí
  • Recuperación de especies en peligro de extinción. En colaboración con la Dirección General del Medio Natural de la Región de Murcia, se promoverá la creación de núcleos de especies de flora en peligro de extinción con objeto de favorecer su preservación y recuperación.


Plantación de jaras de Cartagena (Cistus heterophyllus) en el proyecto '33 en verde' de La Unión, especie en peligro crítico de extinción, en colaboración con el programa de recuperación de la especie de la DGMN. Puedes consultar nuestra participación en este programa pinchando aquí.

Ejemplar de jara de Cartagena (Cistus heterophyllus), especie en peligro crítico de extinción, en el proyecto '33 en verde' de La Unión y plantada dentro de nuestra colaboración con el programa de recuperación de la especie de la DGMN. Puedes consultar nuestra participación en este programa pinchando aquí. 

CONECTIVIDAD DE LOS ESPACIOS NATURALES.
En un entorno altamente antropizado, como el del Campo de Cartagena, y en un contexto de cambio climático, la conexión de los espacios naturales resulta fundamental para garantizar la conservación de la biodiversidad garantizando el desplazamiento de individuos o poblaciones de especies de flora y fauna.

Algunos países como Holanda, han diseñado una red de conexión de todos sus espacios naturales por medio de una red de corredores ecológicos.  

Infraestructuras verdes en Holanda.

En 2007 se diseñó para la Región de Murcia una red de corredores ecológicos que, hasta el momento, no ha sido objeto de ningún tipo de desarrollo. Seguramente su puesta en marcha a través de fincas de propiedad mayoritariamente privada hace muy difícil su realización.

Nuestra propuesta pretende conseguir esta conectividad con base en las siguientes acciones:  
  • Uso de setos agrícolas. Desde la aprobación de la ley 1/2018 de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad ambiental en el entorno del Mar Menor es obligatorio el uso de setos agrícolas de especies autóctonas para promover la captación de nutrientes en las escorrentías al Mar Menor. Si bien la lista de especies relacionadas en la ley está compuesta mayoritariamente por especies autóctonas e impone el uso simultáneo de diversas especies, la realidad es que se están implantando muchos setos compuestos por una o dos especies únicamente - seguramente por falta de existencias en los viveros comerciales-. Se hace necesario garantizar y promover los setos autóctonos biodiversos con especies propias de los hábitats que se pretenden conectar. 
  • Restauración de cauces hidráulicos. De acuerdo con la CHS, restauración de los diferentes cauces hidráulicos de la comarca eliminando especies invasoras y restaurando ambientalmente los mismos, de forma que sirvan de corredores ecológicos entre los diferentes espacios naturales aislados.
La rambla de la Carrasquilla en Los Belones se encuentra completamente ocupada por acacias (Acacia cyanophylla), una especie alóctona e invasora. Fotografía de José Antonio López Espinosa. 
  • Vías pecuarias.  Las vías pecuarias son antiguos caminos, de origen medieval, por los que transitaba el ganado trashumante. El Concejo de la ciudad de Cartagena alquilaba a La Mesta durante el invierno los pastos de las tierras comunales y los rebaños de ovejas trashumantes se desplazaban por estas cañadas. Las vías pecuarias forman parte del dominio público y, en la actualidad se encuentran en progresivo desuso.
Colada pecuaria del Mar Menor.

Uno de los posibles nuevos usos de estas vías debe ser el de servir de corredores ecológicos que conecten los espacios protegidos a través de la implantación de setos de especies autóctonas a lo largo de sus márgenes.  

 

        
  • Infraestructuras biodiversas. Utilización de la planificación urbana y de las infraestructuras,  como conseguir un entorno medioambientalmente sostenible. A través de las vías de comunicación, tales como medianas de autovías, márgenes de carreteras, rotondas, vías pecuarias,  etc., se establecerá un programa de eliminación de especies invasoras y su sustitución por manchas de vegetación autóctona que favorezcan la conexión de hábitats fragmentados.
 
En Singapur se ha desarrollado un proyecto de infraestructuras verdes para la penetración de la selva ecuatorial dentro de la ciudad con el objetivo de convertir a esta gran urbe en una ciudad verde. 
  •  Biodiversidad urbana: la conexión verde. Consideramos totalmente imprescindible en el diseño de la ciudad del futuro la integración de la naturaleza dentro de la ciudad a través, en primer lugar, de la planificación y puesta en marcha de una red de corredores verdes urbanos naturalizados que permeabilicen la ciudad al entorno natural, reproduciendo los hábitats de las zonas colindantes con el objeto de conectarlos ecológicamente a través del espacio urbano. Se trata, en definitiva, de integrar el medio natural dentro de la ciudad y convertir un entorno hostil en un aliado a favor de la conservación de la naturaleza.
Primer borrador de la propuesta de corredores verdes urbanos. 
  •  Biodiversidad urbana: jardinería autóctona. Asimismo, y de forma paralela al diseño de corredores urbanos, planteamos el uso de la jardinería realizada con especies autóctonas o del paisaje tradicional del Campo de Cartagena (higueras, granados, etc.) en espacios públicos hasta conseguir que, en el plazo de 10 años, toda la jardinería de espacios públicos –excluyendo jardines históricos y árboles monumentales- se realice exclusivamente con especies autóctonas o tradicionales.
 
Jardín autóctono de pinos carrascos (Pinus halepensis) y setos de lentiscos (Pistacia lentiscus).
 
Parterre de vegetación autóctona: Palmitos (Chamaerops humilis) y  lentiscos (Pistacia lentiscus).
 
Camino bordeado por un parterre de la autóctona cebolla albarrana (Urginea maritima).





COMPROMISO.

La Trinchera Verde de ARBA plantea, en definitiva, unas directrices para el desarrollo medioambiental sostenible de la Agenda 2030 de Cartagena y La Unión para los próximos 10 años. Se trata de un programa extremadamente ambicioso y supone un cambio de paradigma en nuestra relación con el entorno. Desplegar este programa a lo largo de la década requerirá el compromiso ciudadano, la implicación de los diferentes colectivos medioambientales y vecinales, el apoyo de las distintas administraciones, la responsabilidad social corporativa de la empresa local o regional -facilitando los recursos materiales y humanos requeridos- como parte integrante de nuestro tejido social, así como la colaboración de los propietarios de los terrenos privados. Desde ARBA Cartagena invitamos a todos los sectores representativos de la sociedad de Cartagena y La Unión a sumarse a esta iniciativa y remar juntos hacia un objetivo común. 
 
Por último, al encuadrarse la Trinchera Verde dentro del tipo de acciones contempladas en la Agenda 2030, trataremos de conseguir el apoyo de la Unión Europea a través de los programas Life o de otros programas de apoyo a la conservación de la biodiversidad.

 

Comenzamos esta andadura ilusionados, con el único objetivo de dejar un entorno recuperado para nuestros conciudadanos y generaciones venideras, e invitamos a todos a adherirse y colaborar.

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Nuestro objetivo es dejar un medio ambiente mejor a los que vienen detrás de nosotros. Queremos recuperar los bosques y arbustedas que hace siglos cubrían nuestros montes. ¿Te animas a echar una mano? Puedes venir a colaborar con nosotros físicamente y poner tus manos y tu trabajo, o, si no tienes esa posibilidad, puedes apoyar económicamente a ARBA Cartagena - La Unión y nosotros plantaremos esos árboles por ti. Tienes la información en nuestra web. 


---------------------------------------------------------------------------------------------


Acción 13. Adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos
  • 13.1 Fortalecer la resiliencia y la capacidad de adaptación a los riesgos relacionados con el clima y los desastres naturales en todos los países.
  • 13.2 Incorporar medidas relativas al cambio climático en las políticas, estrategias y planes nacionales.
  • 13.3 Mejorar la educación, la sensibilización y la capacidad humana e institucional respecto de la mitigación del cambio climático, la adaptación a él, la reducción de sus efectos y la alerta temprana.
  • 13.a Cumplir el compromiso de los países desarrollados que son partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de lograr para el año 2020 el objetivo de movilizar conjuntamente 100.000 millones de dólares anuales procedentes de todas las fuentes a fin de atender las necesidades de los países en desarrollo respecto de la adopción de medidas concretas de mitigación y la transparencia de su aplicación, y poner en pleno funcionamiento el Fondo Verde para el Clima capitalizándolo lo antes posible.
  • 13.b Promover mecanismos para aumentar la capacidad para la planificación y gestión eficaces en relación con el cambio climático en los países menos adelantados y los pequeños Estados insulares en desarrollo, haciendo particular hincapié en las mujeres, los jóvenes y las comunidades locales y marginadas.

* Reconociendo que la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es el principal foro intergubernamental internacional para negociar la respuesta mundial al cambio climático.

Acción 15. Gestionar sosteniblemente los bosques, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad.
  • 15.1 Para 2020, velar por la conservación, el restablecimiento y el uso sostenible de los ecosistemas terrestres y los ecosistemas interiores de agua dulce y los servicios que proporcionan, en particular los bosques, los humedales, las montañas y las zonas áridas, en consonancia con las obligaciones contraídas en virtud de acuerdos internacionales.
  • 15.2 Para 2020, promover la gestión sostenible de todos los tipos de bosques, poner fin a la deforestación, recuperar los bosques degradados e incrementar la forestación y la reforestación a nivel mundial.
  • 15.3 Para 2030, luchar contra la desertificación, rehabilitar las tierras y los suelos degradados, incluidas las tierras afectadas por la desertificación, la sequía y las inundaciones, y procurar lograr un mundo con una degradación neutra del suelo.
  • 15.4 Para 2030, velar por la conservación de los ecosistemas montañosos, incluida su diversidad biológica, a fin de mejorar su capacidad de proporcionar beneficios esenciales para el desarrollo sostenible.
  • 15.5 Adoptar medidas urgentes y significativas para reducir la degradación de los hábitats naturales, detener la pérdida de la diversidad biológica y, para 2020, proteger las especies amenazadas y evitar su extinción.
  • 15.6 Promover la participación justa y equitativa en los beneficios que se deriven de la utilización de los recursos genéticos y promover el acceso adecuado a esos recursos, como se ha convenido internacionalmente.
  • 15.7 Adoptar medidas urgentes para poner fin a la caza furtiva y el tráfico de especies protegidas de flora y fauna y abordar la demanda y la oferta ilegales de productos silvestres.
  • 15.8 Para 2020, adoptar medidas para prevenir la introducción de especies exóticas invasoras y reducir de forma significativa sus efectos en los ecosistemas terrestres y acuáticos y controlar o erradicar las especies prioritarias.
  • 15.9 Para 2020, integrar los valores de los ecosistemas y la diversidad biológica en la planificación nacional y local, los procesos de desarrollo, las estrategias de reducción de la pobreza y la contabilidad.
  • 15.a Movilizar y aumentar de manera significativa los recursos financieros procedentes de todas las fuentes para conservar y utilizar de forma sostenible la diversidad biológica y los ecosistemas.
  • 15.b Movilizar un volumen apreciable de recursos procedentes de todas las fuentes y a todos los niveles para financiar la gestión forestal sostenible y proporcionar incentivos adecuados a los países en desarrollo para que promuevan dicha gestión, en particular con miras a la conservación y la reforestación.
  • 15.c Aumentar el apoyo mundial a la lucha contra la caza furtiva y el tráfico de especies protegidas, en particular aumentando la capacidad de las comunidades locales para promover oportunidades de subsistencia sostenibles.

domingo, 3 de mayo de 2020

¿Odiamos los pinos? Historia de la restauración forestal en España y en Cartagena.


Muchos nos preguntáis por qué no usamos pinos en nuestras restauraciones forestales. Existe en el mundo ecologista y medioambientalista una cierta mala prensa sobre las diferentes especies de pinos ibéricos. Los pinos son acusados de propiciar incendios, reducir la biodiversidad, acidificar el suelo, convertirse casi en una plaga, e incluso, a veces, son calificados de 'franquistas'. Vamos a relatar en este blog algunos aspectos relativos a las distintas especies de pinos ibéricos, en especial al pino carrasco, así como la historia de la restauración forestal en España, que ha estado basada muy principalmente en el pino como especie casi única de repoblación.

Los pinos ibéricos.  

Seis son las especies de pino autóctonas de la Península Ibérica: el pino carrasco (Pinus halepensis), el Pino piñonero (Pinus pinea), el pino rodeno o marítimo (Pinus pinaster) -  denominado así por su excepcional aptitud para la construcción naval-, el pino laricio (Pinus nigra), el pino silvestre o de Valsaín (Pinus sylvestris) - que forma preciosos bosques en las sierras de Segovia- y el pino negro (Pinus uncinata) - propio de altas cumbres de los montes septentrionales de la Península-. Junto con el pino canario (Pinus canariensis), forman las siete especies de pinos autóctonos de España. 

De las seis especies ibéricas de pino, dos son las que podemos ver formando parte de nuestros montes de Cartagena y La Unión: el pino carrasco y el pino piñonero. 

El pino piñonero (Pinus pinea) 

Pino piñonero en Cádiz.  

El pino piñonero o pino doncel es un gran árbol autóctono del Mediterráneo. Tiene un tronco columnar que se abre en varias ramas en la parte superior. Su fruto es una piña grande de la que se extraen los piñones. Es un árbol que podemos encontrar frecuentemente en amplias zonas de la costa andaluza y catalana, así como sobre suelos arenosos silíceos de la meseta central. Es también el pino que forma parte de la típica imagen de la ciudad de Roma. 

Pinos piñoneros en el foro de Roma. 


El origen del pino piñonero en el Campo de Cartagena es discutido. A priori, nuestros suelos calizos no son el hábitat más apropiado para esta especie. Además, la mayor parte de los ejemplares existentes los encontramos vinculados habitualmente a casas de campo, donde de forma tradicional eran plantados para el aprovechamiento de sus piñones. Por estas razones, se ha considerado que el pino piñonero es una especie introducida en nuestra zona. Sin embargo, en el yacimiento arqueológico de la Punta de los Gavilanes de Mazarrón, se han descubierto restos tanto del uso de madera de pino piñonero en la construcción de chozas, como del consumo de piñones por poblaciones locales de la edad del bronce, lo que hace suponer a algunos autores que esta especie estaba presente por nuestros campos de forma natural hace algunos miles de años. 

Pino piñonero en una casa de campo en Perín. Fotografía de Antonio Ferrer. 

De forma aparentemente silvestre, nosotros sólo hemos podido ver este tipo de pino en el entorno de La Atalaya, tras la barriada de Villalba, donde existe un rodal de unas decenas de pinos piñoneros muy antiguos, posiblemente centenarios, algunos de cuyos ejemplares resultaron muy afectados por la sequía de 2014, resultando muertos varios de ellos. También tienen apariencia silvestre los piñoneros del Cabezo del Horno de Calblanque.  

En la Región de Murcia, la mejor población natural de pinos piñoneros la encontramos en el Cabezo de la Jara de Puerto Lumbreras sobre suelos silíceos, los propios de esta especie.

El pino carrasco (Pinus halepensis)



El pino carrasco es, con mucha diferencia, el pino más extendido por nuestra zona. Se diferencia del pino piñonero por su porte más irregular, con troncos menos rectos y ramas que salen muchas veces desde la parte baja del tronco presentando un aspecto más 'desordenado'. La corteza es además más grisácea que la del pino piñonero. 

Esta especie podemos verla formando grandes pinares en amplias superficies de nuestras sierras litorales, desde Calblanque hasta Cabo Tiñoso. 

Pinares de pino carrasco en Cabo Tiñoso. 

El pino carrasco es un árbol extraordinariamente frugal y muy bien adaptado a nuestro clima del sureste: es capaz de asentarse en casi cualquier tipo de suelo, incluso en los rocosos más descarnados, y aguanta perfectamente los larguísimos periodos de sequía propios de la aridez de nuestro clima.

Breve historia de nuestros montes y sus restauraciones. 

Para continuar con el relato sobre los pinos en España y en nuestras sierras, debemos primero hacer un breve recorrido histórico sobre la evolución de nuestros montes. 

Primeras deforestaciones masivas del siglo XVIII.

Hasta el siglo XVIII, la mayor parte de los montes españoles se encontraban en un estado relativamente saludable desde el punto de vista medioambiental. Se habían producido algunos episodios masivos de talas de bosques, como el que deforestó un extenso sector de la Cordillera Cantábrica para la construcción de la Armada Invencible de Felipe II, pero, en general, con una economía de muy baja productividad y estancada y un país bastante despoblado, la presión sobre el medio natural era muy baja y la mayor parte del territorio se encontraba aún relativamente vírgen. 

El siglo XVIII comienza con la dinastía de los borbones en España y, con ellos, llega una nueva política ilustrada e industrializadora que se plasma en nuestra zona en el gran proyecto del Arsenal de Cartagena para la construcción y base de los buques de la Armada. El consumo de madera de la industria naval, así como el aumento de la población de la ciudad determinan un sustancial aumento de la presión sobre el entorno natural. Las atarazanas de Cartagena se convierten en unas grandes consumidoras de madera y, una vez agotados los recursos del entorno más próximo, se tiene que recurrir a la importación de madera desde otras zonas, como Ibiza o Cataluña. En 1748 el rey Fernando VI dicta las ordenanzas de montes que suponen la creación de la Provincia Marítima de la Sierra de Segura que queda adscrita al departamento marítimo de Cartagena. El objetivo de estas ordenanzas es el de garantizar para la construcción naval de los astilleros de Cartagena el suministro de madera de pino rodeno o marítimo (Pinus pinaster), una especie de pino  especialmente apta para la construcción de buques por su extraordinaria resistencia y la rectitud de su porte. Durante el reinado de Carlos III, se retoma en 1775 el faraónico proyecto de construcción de un canal navegable de 156 km. desde los ríos Castril y Guardal en el norte de la provincia de Granada hasta la ciudad de Cartagena que sirviera tanto para el abastecimiento de agua a los campos de la ciudad, como para el transporte fluvial de madera hasta el Arsenal. La dificultad de una obra de ingeniería de tal envergadura hizo que se abandonara finalmente este proyecto que quedó inconcluso.

Trabajos en el Arsenal de Cartagena durante el siglo XVIII

Este proceso de deforestación masiva iniciado en época de los borbones es extensible a todos los polos industriales creados al amparo de las políticas ilustradas de la época.

Las desamortizaciones del siglo XIX.

Durante el siglo XIX se produce en España un proceso liberalizador de la propiedad del suelo basado en las desamortizaciones de las fincas que se consideraban inactivas o 'muertas'. Desde la primera desamortización, en tiempos de Godoy, hasta las últimas de Madoz, enormes superficies de terreno virgen en manos de la Iglesia, los ayuntamientos, las órdenes militares o el Estado pasan a manos privadas. 

De todas ellas, la que tiene consecuencias más devastadoras para el medio ambiente es la desamortización de Madoz de 1855. Durante el bienio progresista del reinado de Isabel II se subastan, entre otras, las denominadas 'tierras comunales' que pertenecían desde la Edad Media a los concejos o ayuntamientos.  Estos montes comunales eran aprovechados por los vecinos para la recogida de leña, la caza o el pastoreo, no pudiendo ser roturados para su explotación agrícola por los particulares. En Cartagena, estas tierras comunales eran arrendadas durante el invierno por el concejo a los pastores de la Mesta para el pastoreo del ganado lanar, obteniendo sustanciosas rentas de las mismas.  

 
Pascual Madoz

Con la desamortización de Madoz, gigantescas superficies de terrenos comunales, propiedad de los vecinos, son vendidas a propietarios particulares, pagando éstos los precios de las subastas con la venta de la madera de las encinas, alcornoques, quejigos, robles, pinos y demás especies presentes en las propias parcelas subastadas. A falta de carbón mineral barato en España, los hornos de la incipiente industria siderúrgica, metalúrgica y minera estuvieron durante años alimentándose vorazmente del carbón vegetal procedente de los árboles de las tierras subastadas. Cuando el suministro de carbón vegetal se agotó, muchas de estas industrias - especialmente la siderometalurgia andaluza- se vieron abocadas a la quiebra ante la imposibilidad de conseguir combustible a precio competitivo. Tras el cierre de estas empresas, el paisaje de los montes españoles había cambiado para siempre. La desamortización de Madoz constituye, posiblemente, el mayor desastre ecológico de toda la historia de nuestro país.

Los primeros pasos de restauración forestal en España: Ricardo Codorniu.

Tras la desamortización de Madoz, la situación de los montes españoles a finales del siglo XIX era de una total devastación. Esta situación de nuestros montes ocasionaba impactos directos sobre la población muy dramáticos; tras la catastrófica riada de Santa Teresa del día 15 de octubre de 1879, el gobierno de España decide encargar al ingeniero cartagenero Ricardo Codorniu la recuperación de la masa forestal de Sierra Espuña con el fin de evitar las ingentes pérdidas humanas y económicas causadas por las recurrentes lluvias torrenciales, propias de nuestro clima mediterráneo.  

Ricardo Codorniu reforestando con una cuadrilla de peones en Sierra Espuña.

En 1889 Codorniu se pone manos a la obra y comienza la ingente tarea de reforestar toda sierra Espuña. La urgencia de la situación y la extrema degradación del suelo hacen optar a Codorniu por la utilización masiva del pino carrasco - una especie de muy rápido crecimiento y que se adapta a las condiciones más duras- como clave para la recuperación de la funcionalidad retenedora del agua y del suelo. 

En 1897, Codorniu es también llamado para acometer la consolidación de las dunas de Guardamar de Segura, cuyo constante avance amenazaba con sepultar el pueblo. Como en el caso de sierra Espuña, Codorniu decidió frenar el empuje de los arenales por medio de la plantación de pino carrasco.

El pueblo de Guardamar de Segura a punto de ser 'engullido' por la arena.

La labor de Codorniu, sobre todo teniendo en cuenta los medios de la época, fue titánica y es considerada un ejemplo de restauración forestal pionera en el mundo. Sus efectos son, aún a día de hoy, determinantes en el entorno.

 
Valle en Sierra Espuña a finales del siglo XIX.


El mismo valle de la foto anterior, hoy en día.  

 
Reportaje de Televisión Española sobre Sierra Espuña y la obra de Ricardo Codorniu.

El plan forestal de Ceballos de 1939. 

En 1938, en plena guerra civil, el Gobierno Provisional de Burgos del ejército sublevado encarga a los ingenieros de montes Luis Ceballos y Joaquín Ximénez de Embún la redacción de un plan forestal para la recuperación de los montes españoles. El proyecto es entregado al gobierno en 1939 con el título de 'plan  general de repoblación de España'. 

Luis Ceballos.

La finalidad de este plan no era tanto medioambiental como de corrección hidrológico-forestal así como de garantizar el suministro nacional de madera. Retomando los proyectos hidrológicos de la Segunda República, el gobierno de Franco se propone la construcción de numeros pantanos por todo el territorio nacional, para lo cual era fundamental asegurar que éstos no quedaran inutilizados por la acumulación de sedimentos causados por la erosión de los montes carentes de una cobertura vegetal que retuviera las escorrentías. 

El ambicioso objetivo establecido por Ceballos era el de repoblar 6 millones de hectáreas en un plazo de 100 años. Su plan contemplaba usar las diferentes especies de pinos donde el suelo se encontrara muy degradado y no fuera posible utilizar otras especies, y emplear frondosas (encinas, alcornoques, robles, etc.) donde el suelo mostrara mejores condiciones. El plan también contemplaba a largo plazo, una vez asentados los pinos y estabilizado el terreno, la paulatina sustitución de éstos por otras especies autóctonas. Para haber sido hecho en 1939, y a pesar de que la intención del plan de repoblación no era ecológica, Ceballos mostraba una sensibilidad medioambiental muy avanzada para su época. 

Terminada la guerra, el gobierno de Franco se apresta a llenar de pinos todo el territorio nacional. Las diferentes especies de pinos autóctonas eran muy fáciles y baratas de producir y aseguraban un rápido y exitoso asentamiento en el terreno. 

 
Vídeo del NODO en el que se muestra al Frente de Juventudes en una jornada de repoblación de pinos en los montes de León.

Las repoblaciones del franquismo en Cartagena. 

Al igual que ocurría en el resto del país, los montes de nuestra comarca se encontraban totalmente esquilmados a principios del siglo XX. 

Falda del monte San Julián, carretera a Escombreras.  

Siguiendo las directrices del gobierno, a partir de 1939, las autoridades provinciales comienzan a poner en marcha el plan de Ceballos en nuestra comarca. 

Así, en fecha anterior a 1947, se construye una casa forestal en el Barrio de la Concepción y se comienza a producir en masa plantones de pino carrasco (Pinus halepensis) para los montes de Cartagena y La Unión. 

  
Casa forestal en el Barrio de la Concepción en 1947. Fuente: Fototeca forestal española.

Apertura de hoyos, abonado con estiercol y colocación de semilla de pino en la casa forestal del Barrio de la Concepción bajo la supervisión del guarda forestal.1948. Fuente: Fototeca forestal española.


Cuando las competencias de medio ambiente fueron transferidas a las comunidades autónomas, este vivero del Barrio de la Concepción fue transferido al gobierno de la Región de Murcia, quien, a su vez, cedió su uso a la Asociación de Naturalistas del Sureste que es quien lo gestiona en la actualidad para la producción de planta autóctona. 

La repoblación de los montes es encargada en Cartagena a la Marina de Guerra, propietaria de enormes extensiones de terreno desde la batería de Castillitos en Cabo Tiñoso hasta la de Cenizas, en Portmán. La Armada empleó a la marinería en las tareas de replantación de los montes militares con los plantones producidos en el vivero del Barrio de la Concepción.

Cartel anunciando las repoblaciones en la entrada al cuartel de La Algameca. Al fondo La Atalaya. 1958.
Fuente: Fototeca forestal española.

 
Visita del Director Genera del Patrimonio a los montes de Cartagena. Penal de Marina en Santa Lucía 1947. Fuente: Fototeca forestal española.

  
Repoblaciones con La Marina de Guerra. Polvorines de "La Guía" 1947.
Fuente: Fototeca forestal española.

Plantación de pino carrasco junto a la carretera de Escombreras. Repoblaciones en consorcio con la Marina de Guerra. 1958, Fuente: Fototeca forestal española.

En la zona de Tentegorra, las principales actuaciones de repoblación forestal son llevadas a cabo por la Mancomunidad de los Canales del Taibilla. Este organismo fue creado en 1927 con la finalidad de abastecer de agua a la ciudad de Cartagena y su Arsenal Militar desde el río Taibilla en Nerpio (Provincia de Albacete). Tras la guerra civil, se retoman las obras y el agua llega, por fin, a Cartagena en 1945. Con el impulso del director de la Mancomunidad entre 1939 y 1964, don Rafael de la Cerda, la Mancomunidad acomete la repoblación forestal tanto de la zona del embalse del Taibilla, con el fin de asegurar la funcionalidad de éste, como la de los depósitos sitos en Cartagena. Hacia 1946 se construye un vivero forestal en la subida a Tentegorra, se recolecta semilla de los pinos de las sierras de Nerpio y comienza la producción de planta para reforestar. Toda la enorme pinada existente en el entorno de los depósitos de los Canales del Taibilla, desde el cruce de Cuatro Caminos, se debe a las repoblaciones de esta época. (Fuente: transmisión oral de Juan Agüera Victoria, trabajador de la MCT desde el año 1947).

Visita de Franco a los Canales del Taibilla en 1945. Junto a él, el Almirante Bastarreche y Rafael de la Cerda, director de la MCT.

Pinada en la subida a Tentegorra, obra de la MCT.

La trascendencia de estas actuaciones en nuestros montes es enorme. La configuración actual de los bosques de Cartagena se las debemos, en gran parte, a las iniciativas de repoblación llevadas a cabo después de la guerra.

Podemos comparar, por ejemplo, cómo estaba el monte de Galeras, a la entrada del puerto de Cartagena, a finales del siglo XIX y qué aspecto presentaba cien años después.



También los extensos pinares de Carrascoy proceden de las repoblaciones hechas después de la guerra.

Bueno, ¿Y qué pasa entonces con los pinos? 
 
Si has llegado hasta aquí, te preguntarás cuál es entonces el problema de las repoblaciones forestales realizadas con pinos y su mala reputación entre el colectivo medioambientalista. Pues resulta que en los años ochenta, llegado el momento en el que hubiera correspondido, según el plan de Ceballos, comenzar a sustituir gradualmente las repoblaciones de pinos por las frondosas correspondientes, como robles, encinas, quejigos, alcornoques, etc., se produjo el traspaso de las competencias sobre medio ambiente a las diferentes comunidades autónomas. Seguramente, como la principal función de la plantación de pinos, que era la de sujetar el suelo, estaba cumplida y no existía una demanda social de unos ecosistemas más naturales y equilibrados, las autoridades del momento decidieron no seguir invirtiendo en la restauración de ecosistemas. Los tiempos de recuperación de la naturaleza no se corresponden con los plazos electorales. Al fin y al cabo, los montes ya estaban verdes y las pinadas se quedaron como estaban. 

El primer problema que plantean las plantaciones monoespecíficas de pinos es que no son bosques. Un bosque es un ecosistema complejo, con diferentes estratos arbóreos en los que medran diversas especies de árboles, arbustos y herbáceas, cada una con su ciclo diferente de floración y fructificación, sustentando durante todo el año a una variadísima comunidad de animales, hongos y microorganismos que viven en él. 

En las replantaciones de pinos nos encontramos habitualmente una sola especie, con ejemplares del mismo tamaño, habitualmente alineados, y ningún sotobosque.

Replantación de pinos en El Chorrillo de La Unión.Vemos que bajo el dosel de pinos no crece absolutamente nada.


Estas plantaciones de pinos son, con frecuencia, casi desiertos verdes en los que sólo existen unas pocas especies de plantas y muy poca vida animal. Al acumularse además decenas de miles de ejemplares de una misma y única especie, las pinadas resultantes se convierten en muy vulnerables ante los ataques de las plagas, como la de la procesionaria o la del barrenillo del pino.

Pinar afectado por el barrenillo del pino en la Sierra del Algarrobo de Mazarrón. Fuente: Cumbres de Cartagena.

En algunas ocasiones incluso, los pinares de repoblación dificultan la sucesión serial del bosque hacia su vegetación potencial o climax, que es la vegetación que existiría en una determinada área en ausencia de perturbaciones humanas. Cuando se produce la degradación de un ecosistema, bien sea por causas naturales - por ejemplo, un incendio o una erupción volcánica- o por causa humana - la recuperación del ecosistema comienza desde unos estadios muy básicos, con la aparición de plantas herbáceas y, con el paso del tiempo, va evolucionando y se van generando las condiciones para la implantación de arbustos y árboles cada vez mayores, aumentando la biodiversidad, hasta que se llega a la denominada comunidad climácica, donde la utilización de los recursos y el espacio es la máxima posible y no cabe mayor evolución. Esta última sería la vegetación potencial.

 

En ocasiones, los pinos dificultan esa recuperación de la vegetación potencial generando sustancias alelopáticas que se acumulan en el suelo e impiden la implantación de otras especies de árboles o arbustos bajo sus copas. 

Por otro lado, en nuestro clima, las acículas de pinos tardan muchísimo tiempo en descomponerse y generan la 'juma' o capa de varios centímetros de grosor de hojas de pino muertas que impiden el enraizamiento de muchísimas especies de plantas cuyas pequeñas raíces al germinar no son capaces de atravesar esta densa capa para llegar al suelo. Así, por ejemplo, en nuestra zona, la competencia con el pino carrasco está generando problemas de recuperación a algunas de algunas especies de flora emblemáticas en nuestros montes como el propio ciprés de Cartagena (Tetraclinis articulata), la jara de Cartagena (Cistus heterophyllus) o el brezo blanco (Erica arborea). 

Los pinos son además especies pirófitas, es decir, que favorecen los incendios forestales y se aprovechan de ellos. La resina del pino es extremadamente inflamable, lo que unido  a la acumulación de las acículas secas sobre el suelo, convierte a los bosques de pinos en auténticas bombas incendiarias en potencia. Cuando en un pinar ocurre un incendio forestal, tan frecuentes en los veranos de los climas mediterráneos, el fuego se extiende de forma desaforada y las piñas de los pinos estallan con el calor y expulsan al aire cientos de semillas que quedan esparcidas por la zona y depositadas en el suelo a la espera de las lluvias otoñales. Cuando éstas llegan, la humedad activa la germinación y toda la superficie se  llena de pequeños brinzales de pino.

Germinación masiva de pinos carrascos tras el incendio de la sierra de La Muela de 2012.



Superficie atestada de pinos en Atamaría tras el incendio de 2011. 


El resultado son bosques cada vez más densos de pino carrasco en los que esta especie se convierte en casi exclusiva, impidiendo el crecimiento de todas las demas y aumentando además exponencialmente el riesgo de nuevos incendios.  


En algunos de nuestros montes, la recurrencia de los incendios forestales ha sido tan intensa que se han generado densísimas masas de pinos en los que se acumulan decenas de miles de árboles en muy poco espacio de terreno, impidiendo el paso de la luz y el crecimiento de otras especies y acumulando una enorme cantidad de combustible en forma de resina, ramas y hojas de pino secas y constituyendo un gran peligro en caso de incendio.
 
Densísima acumulación de pinos en Atamaría tras el paso de varios incendios forestales.

 
Densísima acumulación de pinos en Atamaría tras el paso de varios incendios forestales.



Los pinos son autóctonos.

Sin embargo, tanto el pino carrasco, como el piñonero y el resto de pinos ibéricos son autóctonos y forman parte de numerosos hábitats, algunos de ellos extraordinariamente interesantes, en nuestro país. La presencia de polen de pino es constante en los análisis polínicos de yacimientos arqueológicos de la prehistoria, denotando una amplia distribución de los pinares de forma natural en el pasado: gran parte de los bosques de la España mediterránea eran pinares en el pasado.

¿Cuál es el problema entonces? El primer problema que plantean los pinares de repoblación surge cuando éstos están sustituyendo una vegetación potencial - la que existiría si no hubiera intevención antrópica - que no es un pinar. Esto ocurre cuando, por ejemplo, vemos enormes plantaciones de pinos en Galicia o Asturias ocupando el espacio de antiguos bosques de robles y hayas, o sustituyendo a los melojares del Sistema Central o a los alcornocales y encinares propios de Andalucía, Extremadura, La Mancha y muchos otros lugares de la España mediterránea. 

Las disfunciones generadas por estos bosques creados por el hombre se pagan en forma de pérdida de biodiversidad, incendios y plagas.

Esto es exactamente lo que ocurre con amplias extensiones de los pinares de nuestras sierras litorales, en especial en amplias zonas de la sierra Minera de Cartagena-La Unión. Los pinares aquí están sustituyendo a una vegetación potencial que es mucho más interesante que estos pinares de repoblación. Es el caso de los bosques de ciprés de Cartagena (Tetraclinis articulata), un hábitat iberonorteafricano de enorme interés y extraordinaria biodiversidad, con especies muy singulares, únicas en el continente europeo. 

En otros casos, por las condiciones edáficas y escasez de precipitaciones, el bosque resulta imposible y la vegetación potencial estaría compuesta por una maquia arbustiva de lentiscos, palmitos, espinos negros, cornicales, orovales, etc. En este caso, empeñarse en plantar pinos es una pérdida de tiempo y la naturaleza termina imponiendo su ley, como ocurrió durante la sequía de 2014 con enormes superfices de pinares plantados en zonas de solana del monte Roldán, Cabo Tiñoso, Cabezo Ventura, etc. 

Miles de pinos muertos por la sequía de 2014 en Cabo Tiñoso. Bajo ellos aparece la auténtica vegetación potencial de la zona compuesta por palmitos, lentiscos y cornicales principalmente.

El segundo problema surge cuando las plantaciones están compuestas exclusivamente de pinos, que es lo que se hizo después de la guerra civil en muchos de nuestros montes. Lo que tenemos entonces no es un bosque sino una plantación de árboles, carente de biodiversidad y poco funcional desde el punto de vista ecológico. 

¿Por qué no plantamos pinos entonces?

Habiendo llegado hasta aquí, creo que será fácil entender cuál es nuestra postura con respecto a los pinos: Los pinos son autóctonos y forman parte de nuestros ecosistemas, sin embargo, no los plantamos porque nos interesa mucho más reforzar las especies que han sido relegadas en favor de los pinares y que conforman en nuestros montes un tesoro de biodiversidad. 

Es también uno de los objetivos de nuestra asociación el difundir el valor que las formaciones arbustivas, a veces por encima de muchos bosques, tienen desde el punto de vista medioambiental, conformando muchas de ellas hábitats de extraordinario valor y riqueza, con especies únicas en Europa y merecedoras de la mayor atención por nuestra parte.

En el proyecto Cabo Tiñoso Revive, nos hemos empleado en la recuperación del hábitat 5210 'Matorrales arborescentes con Juniperus'. En él hemos plantado numerosas especies propias de este hábitat como enebros, sabinas negras, lentiscos, palmitos y cornicales. En la foto, Pablo llevando una bandeja de cornicales (Periploca angustifolia), una de las joyas botánicas de nuestras sierras litorales.    

-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Nuestro objetivo es dejar un medio ambiente mejor a los que vienen detrás de nosotros. Queremos recuperar los bosques y arbustedas que hace siglos cubrían nuestros montes. ¿Te animas a echar una mano? Puedes venir a colaborar con nosotros físicamente y poner tus manos y tu trabajo, o, si no tienes esa posibilidad, puedes apoyar económicamente a ARBA Cartagena - La Unión y nosotros plantaremos esos árboles por ti. Tienes la información en nuestra web. 


.........................................................................................

Algunas referencias y lecturas interesantes.

Sobre el bosque de Sierra Espuña y diversos aspectos de los pinares murcianos.

Un bosque no es un cultivo

La mala prensa de los pinares en España: un mito del ideario social

El perforador del pino, de 'asesino' a una oportunidad para recuperar el matorral mediterráneo